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viernes, 30 de septiembre de 2011


GRUPO II: cantes flamencos derivados del fandango. -9ª parte


Tarantas
1.Taranta de Almería 
2.Levantica  
3.Murciana  
4.Cartagenera 
5.Cartagenera grande o Totanera  
6.Cartagenera de la Trini  
7.Taranta de La Unión 
8.Minera de La Unión  
9.Minera grande  
10.Taranta de Jaén  
11.Taranta de Felipe Lara 
12.Piconera extremeña 
13.Taranta asturiana  
14.Taranta berciana 

Tarantas:

“¡Qué oscura y tenebrosa es la eterna noche de la galería! Tan cerrada que el alma del minero, ansiosa de libertad, lanza gritos heridos y desesperados en las tiznadas oquedades de sus paredes.
En unos tercios quietud, y forzado desahogo en otros, pero en todos ellos nostalgia, sentimiento y dolor. Dolor como el que siente la piedra de carbón con el golpear del pico, como el de la madera húmeda atizada a martillo para forjar las vigas, como el quejido lento y poroso del chirriar atormentado de las vagonetas.

Se escuchan los golpes de picos sobre la piedra de carbón, el batir de las palas en manos de los mineros cargando vagonetas, los martillazos sobre las vigas de madera que colocan para sujetar los techos de las galerías allá abajo en la profundidad de la mina, el arrastre cansino de las vagonetas, el chirrido de las cadenas del montacargas que baja y sube a los mineros…”

¡Siniestra y mágica es la entrada al Pozo de la mina!, como lastimera es la la voz del minero que canta por tarantas para desahogar la pena profunda de su angustiada situación. Sus compañeros le dan ánimos al tiempo que se confortan con el deseo de ver pronto la luz del día en la superficie de la tierra.
El origen etimológico de la Taranta es dudoso. Por un lado, se cree que viene de “tarantela”, un tipo de música, o de “taranto”, adjetivo empleado para designar a los almerienses que trabajan en las dehesas.

Por otro, puede provenir de Tarentum (Tarento- Italia).
La taranta es un cante que no se baila. Nació para ser escuchada con el exclusivo acompañamiento de la guitarra flamenca.
Pertenece al grupo de los estilos de Levante. Los giros melódicos se caracterizan por ser duros, muy cromáticos y de ritmo libre. El ámbito es de 9ª (Fa#2-Sol3).

La estructura básica de los cantes mineros es como la del fandango: seis frases musicales que corresponden con los seis versos que se cantan. Cada una de estas frases consta de cuatro compases de 3/4. Se van intercalando dos líneas melódicas distintas, A (en naranja) y B (en verde), aunque se presentan siempre con pequeñas variaciones en los momentos cadenciales.
El ritmo es ternario y comprende un espacio o ciclo de 12 tiempos. Se empieza a contar a partir de la segunda parte del primer compás.
La combinación armónica de la taranta es la Cadencia andaluza transportada a Fa# en las partes instrumentales para marcar el compás.


Tonalidad mayor o menor en las secciones de las coplas cantadas o de falsetas.
Aunque la bimodalidad es una particular de muchos estilos flamencos, en el caso de los cantes de Levante o mineros es más acusada, debido en parte a la particular afinación de las cuerdas al aire de la guitarra (“acorde impresionista”).

Sus letras son descriptivas y se inspiran en aspectos diversos de la existencia humana, pero con clara tendencia a contar las adversidades que los mineros padecen en la mina, siguen la métrica literaria de los fandangos: quintetas y cuartetas octosilábicas.

He aquí otro grupo de cantes de ritmo libre, salvo la “piconera”, que sigue el aire acompasado del “taranto”. Toman la métrica del fandango y sus expresiones poéticas transitan espacios espirituales bien distintos, porque sus escenarios naturales poco tienen en común, pues no es lo mismo cantar al aire libre en un ambiente festivo, delatar un sentimiento
amoroso, exaltar la bella naturaleza que nos rodea, etc., que definir las tristes y oscuras oquedades de la mina, con todo el drama de su continua tragedia. Éstas son las modalidades que tratamos.

El Cojo de Málaga1. Taranta de Almería:

“Con su gorrilla y pañuelo al cuello, una larga hilera de mineros va por el camino hacia la puerta de la mina. Llevan su atillo al hombro con más hambre que comida, dejando atrás en sus humildes hogares más penas que alegrías. Tan sólo la esperanza sostiene a sus familias y les da fuerzas a ellos para emprender la arriesgada aventura que cada día supone el penetrar en las entrañas de la tierra.

Metidos en cangilones, el chirriar de las cadenas y los ejes de las ruedecillas, les acompañan en el descenso a los pozos tantas veces traicioneros”.

La “taranta”, como los demás aires levantinos, señala a Almería como punto de partida o centro originario. Desde allí, en la voz del pueblo y con la aportación artística de los buenos maestros de nuestro cante, “El Cojo de Málaga”, la “Niña de los Peines”, Manuel Vallejo, Manolo Escacena, Antonio Chacón, Manuel Centeno y otros, partieron a otras provincias o regiones, donde tomaron carta de naturaleza.

Taranta de Almería: cante propio de la ciudad y provincia a las que representa. “Taranto” es el gentilicio dado a los trabajadores que cuidan del ganado en las dehesas almerienses.

Aunque la temática más común de los cantes levantinos es la orientada al relato de los trabajos y penalidades del minero, también el amor está presente y se ve reflejado en la siguiente letra de la taranta de Almería.




2. Levantica

“La brisa de primera hora de la mañana reparte el almibarado olor de los naranjos. Desde la masía, a lo lejos, se vislumbra la tierra alicantina de Orihuela. Más cerca, hombres y mujeres faenan cogiendo naranjas en cestos que luego depositan en los carros.
Mientras, ante la puerta de la casa, un grupo prepara en una enorme sartén la paella que en el descanso todos comerán. De tanto en tanto se pasan la bota de la que a chorros cae el vino que humedece sus gargantas y les anima a entonar la levantica”.


Desde tierras valencianas hasta Almería se canta la “levantica” en los caminos para acompañarse las penas. Es éste un cante de aire y de sol. Las huertas de Murcia le dieron el aroma a su melodía y el marinero mercante la llevó a otras tierras.

Cante propio de las provincias levantinas de Almería, Murcia y Alicante, a las que representa. Procede del fandango, perteneciente a la familia de los cantes mineros.

Se trata de un cante con la estructura del fandango libre, muy cercano y directamente hermanado con la murciana y la taranta.
He aquí una letra que nos muestra la ausencia de alegría con la que el minero canta en la oscura galería.



3. Murciana

“Está la noche en calma y sale la luna bañando con su luz los naranjos en flor de las tierras del Levante. Una suave brisa esparce el embriagador aroma de los azahares y suena el cante de la murciana en la voz de un joven campesino. Con ganas de rondar, se acerca a la casa de su amada para expresarle sus sentimientos:
“Espérame en la ventana, que vengo a verte, Dolores, espérame en la ventana. Te traigo un ramo de flores, que he cortao esta mañana, murciana de mis amores”.
Emocionada la joven y sin poder ocultar su sonrojo, escapa un beso de sus labios como premio al cante y aceptación de su pretendiente”.




La murciana, con sabor minero pero creada al aire libre, expresa en sus letras motivos más alegres, como el amor, el paisaje de la tierra, sus puertos, sus costas y cosas de las huertas de Murcia. Este fandango levantino que nutre la amplia gama de cantes mineros de su región, refleja una sensibilidad, matices y colorido diferentes al de aquellos que
representan y expresan la dura y trágica realidad de la actividad minera.

Su paisaje es abierto a la luz del sol entre muy variados y ricos frutos de la huerta, que le imprimen un sentir a la vida más alegre. La expresión del minero no es la misma cuando está en la profundidad de la mina que cuando sale a flor de tierra y ve la luz del día, después de permanecer sepultado durante interminables horas de trabajo.

Por eso, aunque la murciana tiene sabor a mina, su función flamenca es la de alegrar al minero en esa reincorporación a la vida. Desde Chacón a Manuel Torre, pasando por Concha “la Peñaranda” y el “Alpargatero”, fue éste un cante que gozó de buenos cultivadores y admiración popular entre finales del siglo XIX y bien avanzado el XX.

Cante propio de la ciudad y provincia a las que representa. Fandango levantino de la familia de los cantes mineros.

Los cantes de ronda son muy frecuentes en todo el espectro del folclore de España, y, por tanto, también en el flamenco. Sus letras por lo general son muy románticas y bien recibidas por su destinataria cuando el rondador es de su agrado, pero que también a veces encuentran respuesta negativa.


4. Cartagenera

“Son los últimos años del siglo XIX. La actividad laboral de Cartagena se hace notar en sus calles y, sobre todo, en su puerto de mar, donde el trasiego mercantil y militar no cesa.
Paralelamente, la actividad minera está en auge en su comarca, y la ciudad cosmopolita acoge en su seno a las personas más dispares que, por una u otra causa, a ella acuden como transeúntes o en calidad de moradores temporales o permanentes.
La actividad cultural crece también y se instalan los primeros cafés cantantes, donde ofrecen sus actuaciones los más destacados artistas flamencos de la época. En sus escenarios, la cartagenera se convierte en la reina de los cantes de levante. Sus intérpretes dedican sus coplas por igual a hechos históricos ciudadanos, al ambiente minero y a temas de amor”.

“El Rojo, el Alpargatero”,Quizá sea éste el fandango más vital de cuantos existen. Lleva en su nombre el marchamo de la ciudad que lo vio nacer, aunque no es privativo de la misma, sino de toda la zona llamada La Unión.

Su inspiración discurre por los mismos cauces que la de otros cantes levantinos, como la minera, la murciana y, sobre todo, la taranta. Su apogeo se produjo en los últimos años del siglo XIX, coincidiendo con el punto álgido de la explotación minera en aquellas tierras.

Entre los nombres que han pasado a la historia del flamenco unidos a la cartagenera destacaron “El Rojo, el Alpargatero”, Concha “la Peñaranda” y Joaquín Vargas “El Cojo de Málaga”.

Cante propio de la ciudad y comarca a las que representa. Fandango levantino de la talla de la minera y la taranta.
Aunque pudiera parecer, por el hecho de llamarse cartagenera, que ésta modalidad de cante fuera representativa de la vida social ciudadana, lo cierto es que su temática va por otros derroteros, como son los de la mina y el penar, o más bien, de lo que penan los mineros en la mina.


5. Cartagenera grande o Totanera:

“Un activo trasiego de personas y mercancías anima el camino entre Lorca y Totana. En sus bien preparadas tartanas viajan los hacendados del lugar o simplemente pasean con su acostumbrado aire de suficiencia. A pie, los pobres arrieros, para hacer más llevadero el camino, van cantando por totanera, animando así a sus borriquillos, que con las aguaderas cargadas transportan los más variados y ricos frutos de la huerta murciana. Hacen parada a la sombra de unos árboles para un necesario descanso, y los adinerados tartaneros, más por burla que por necesidad, les hurtan las manzanas”.

Don Antonio ChaconEs cante murciano y, como la cartagenera, su nombre va unido indisolublemente al del pueblo que lo vio nacer, Totana, uno de los de más pura estirpe flamenca de la región. En realidad se trata de una mera variante de la cartaganera y, como ésta, es cante extravertido y popular, que expresa una serie de retazos de la vida cotidiana en la provincia, de los afanes y las anécdotas de los campesinos.

Constituye, por tanto, una especie de crónica, y sus protagonistas más frecuentes son los arrieros y los tartaneros. La totanera más popular dice aquello de “un lunes por la mañana, los pícaros tartaneros, les robaron las manzanas, a los pobrecitos arrieros, que venían de Totana”.

Este hecho delictivo que los afectados difunden en ambas poblaciones, cantado en métrica de fandango y con aire musical de taranta-cartagenera, trasciende a toda la provincia y se populariza con el nombre de totanera. Los intérpretes de la totanera no son otros que los artistas especializados en los cantes de Levante.

Cante propio de la población y comarca a las que representa. Se le podría llamar media granaína, por el grupo de cantes al que pertenece, pues sus tercios, largos y sostenidos, recuerdan a ésta.

Originalmente la letra de la totanera tuvo un definido ambiente que señalar: la vida y avatares de los arrieros. Pero con el tiempo, como tal fandango levantino, fue recogiendo otras motivaciones y con ello ampliando su temática.


6. Cartagenera de la Trini:

Así dice el cantar de La Trini: sobre el escenario de un café cantante en plena actuación con su guitarrista, vestida con chalecillo de la época y una rosa prendida de su moño alto, por encima de la frente:
Ecos de su malagueña
hacia el cielo lleva el viento
y en la gloria les esperan
los tercios que con talento
puso en su cartagenera.

 

7. Taranta de La Unión:

“Salen por la bocamina los “ayes” de dolor de mineros atrapados en la oscura galería. Angustiados e impotentes, sus compañeros tratan como pueden de desescombrar cuanto mineral y tierra cayó sobre sus cuerpos. Pero todo esfuerzo es inútil porque la falla es grande, y vigas y pontones de madera se derrumban sin remedio.
Un largo y profundo alarido da paso a una desgarrada voz que canta desconsolada en un desesperado intento de hacer llegar su petición de ayuda a quienes se encuentran en el exterior: 
Venid por mis compañeros, no tardéis mucho, por Dios, venid por mis compañeros. Una falla traicionera se llevará lo mejor de toa la cuenca minera”.


“De las minas de La Unión…,
oí decir a un minero,
de las minas de La Unión,
que triste entre el carbón,
la vida del barrenero,
sin esperanza ni amor”.

Esa realidad palpable que expresa la copla de la “taranta de La Unión” fue siempre tristemente constatable para cuantos vivieron la arriesgada aventura de arrancarle cada día el mineral a las entrañas de la tierra.

Todo lo que se diga es poco de las penalidades de los mineros, sobre todo de aquellos que no tienen cerca ni familiares que puedan ayudarles en los momentos difíciles de su angustia y dolor. Para hallar el origen de la taranta hay que buscarlo en Andalucía y Levante. Aunque con bastante anterioridad se cantaban tarantas, éstas no se popularizaron hasta finales del siglo XIX, y sus principales intérpretes fueron “El Cojo de Málaga”, “Niño Escacena”, Manuel Centeno, Chacón y Cayetano Muriel.
Cante propio de la población y comarca a las que representa. La siguiente letra refleja la negación de todo lo positivo y bello de la vida, con ella el minero expresa su más profunda desesperanza.


8. Minera de La Unión:

“Un minero alza su voz para señalar las injusticias que sufren los trabajadores de la mina. Rodeado por numerosos compañeros a los que se dirige, está subido encima de una mole de piedra delante de la mina. Clama solidaridad para con las familias de unos barreneros que han sido víctimas de una traidora explosión por la nula seguridad con que estaban trabajando. Emocionado, termina cantando esta minera de La Unión:

Manuel Jiménez CentenoCuando yo vuelva a la mina
a pasar grandes dolores
cuando yo vuelva a la mina;
sólo daré mis sudores,
por una bolsa que diga:
¡De todos los españoles!”

Musicalmente la minera tiene como característica destacable sus medios tonos, que la hacen sonar distinta al resto de los cantes mineros levantinos. Su métrica es la del fandango común, del que se nutre todo el grupo de cantes mineros. Algunos de los versos se cortan en su primera frase para enfatizar el siguiente tercio, logrando una mayor atención de
quienes lo escuchan respecto de lo que se dice en el verso completo.

La minera, en un principio, se cantaba con una línea musical totalmente lisa y monótona. Fue a finales de siglo XIX cuando Antonio Grau, conocido por el apodo de “El Rojo el Alpargatero”, consiguió engrandecerla añadiéndole los medios tonos. Desde Paco “el Herrero”, Manuel Escacena, Concha “la Peñaranda”, Antonio Chacón, Cayetano Muriel y otros de la época, es éste un cante que miman los buenos aficionados. Cante propio de la población y comarca a las que representa.
Esa araña venenosa llamada “tarántula”, que causó la muerte con su mordedura a tantos mineros, ha estado presente en muchas letras de mineras, no precisamente como homenaje a tan dañino insecto, sino como desprecio a su existencia.

 

9. Minera grande:

“Como una premonición antes de la tragedia, canta un minero esta copla:
Baja un minero cantando,
por oscura galería,
aunque cantaba pensando,
si veré a la prenda mía,
que por mí quedó rezando.
De pronto hasta el pueblo llega un enorme estruendo. Asustadas las esposas de los trabajadores salen de sus casas pidiendo auxilio mientras encaminan sus pasos hacia la mina.
Ha explotado el cerro de la mina y entre el espeso humo que sale por su cráter salen arrastrando sus cuerpos heridos los pocos mineros que logran salvar sus vidas”.

Un tema triste, pero de gran importancia para la historia de nuestro cante, es la “minera grande”. El minero pone todo su afán en su duro trabajo en las entrañas de la mina y canta con ritmo arrastrado y triste ese cante que conocemos por minera grande, ventana por la que entrevemos el interior en el que yacen los deseos e inquietudes de esos hombres noblemente rudos. La minera grande es la salida al aire de todo el coraje y la hombría que se precisa para trabajar en lo profundo de la tierra. Como su propio nombre indica, parece que estuviera hecha para denunciar la mayor tragedia en la mina.
Minera grande de La Unión: cante propio de la población y comarca a las que representa. El calificativo de “grande” viene porque alarga o dobla alguno de sus tercios con trabajados ornamentos vocales.
Siempre acompañados de la duda, los mineros cantaron coplas de eterna despedida, sabedores de lo incierto que es el retorno a la luz del día desde las profundas oscuridades de la madre tierra.

10. Taranta de Jaén:

“Un escape de grisú embolsado en las vetas del mineral de plomo y plata de las minas de Linares acaba de ahogar la vida de varios mineros. Las expresiones de dolor de sus familiares, compañeros y amigos producen un tremendo duelo alrededor de la mina.

Suena en voz anónima el cante desconsolado de la taranta, que como el fatídico gas venenoso y con sus tercios clavados hacia dentro, duele en el alma de quien la escucha y rasga el pecho del cantaor que la canta.

Y así, cuantos componen el cortejo, rotos sin esperanza, en cadena humana descienden por el camino sin aliento, compungido el corazón por su fatal destino”.


A la provincia de Jaén además de reconocérsele como propios los cantes camperos de siembra, siega y trilla, los fandangos de la sierra de Cazorla, la toná chica y otros estilos flamencos, como a Murcia y Almería, se la considera una de las tres principales provincias mineras, cantaoras de tarantas.

Sin lugar a dudas es ésta la modalidad de taranta que mayores facultades exige de los cantaores para su interpretación. Su molde tal vez se forjó en la época más dura de la minería andaluza y por ello están tan presentes los lamentos mineros en todos los tercios de su cante.

Aunque de la misma familia, la “taranta de Jaén” es de tercios valientes y profundos, con giros melódicos distintos a los de otras regiones y exige un quejido hacia dentro de dolor profundo antes de iniciar su copla.
“Ah…ay, con el alma siempre en pena,
que triste vive el minerico ¡mare!,
con el alma siempre en pena.
Sudando gotas de sangre, va tirando
su barrena, en las minas de Linares”.
Cante propio de las comarcas mineras de la provincia andaluza a las que representa. También la metáfora tiene su espacio poético en el cante flamenco. Un claro ejemplo es la letra de la taranta de Jaén, donde el minero, desesperado y necesitado de expresar su dolor cantando a su madre, asocia la negrura de su estado de ánimo al color del carbón, que
precisamente en la mina de plomo donde trabaja es prácticamente inexistente.

11. Taranta de Felipe Lara:

La familia de la “taranta” es muy rica tanto en su poética como en su variedad melódica. Ya en los cantes que con el nombre de taranta conocemos y que son representativos de una población o determinada provincia: Almería, Jaén, La Unión (Murcia), etc., muestra bien diferenciadas fisonomías entre si. Pero si abundamos en la gama de estilos que con la misma métrica literaria del “fandango” su tronco común, son acompañados con el mismo toque o tonalidad, descubriremos que estamos ante uno de los más valiosos e interesantes palos del flamenco.
La taranta de Felipe Lara viene a ser como ese pequeño grano, que si bien deja mucho espacio libre en el granero para que otros lo sigan llenando, aporta a esta gran familia flamenca la impronta personal de un cultivador apasionado defensor del cante. 

12. Piconera extremeña:

“¡Están los hornos piconeros extremeños, que echan humo por la boca! Arde en su interior la noble encina, que resignada se deja quemar porque sabe que antes de convertirse en ceniza aún le queda el último suspiro para ser útil como carbón. No cesa el ir y venir de los castúos trabajadores trasportando sus cargas de leña para mantener activos los hornos. De pronto se oye un cante por piconera en la voz de uno que se arranca y canta, halla réplica en otro que empieza a templar la garganta, porque el corazón lo pide como una evasión del alma”.


En el encinar, con afiladas hachas y la fuerza de sus brazos, cortan viejas encinas los piconeros de Extremadura. Allí donde cae el acero se abren los troncos en canal y el ramaje se desprende como la manteca, con el constante e inagotable batir en una larga y dura jornada de trabajo.
Cuando los montones de leña acumulada dan lo suficiente para completar las cargas que han de transportar sus borricos, convertidos en arrieros bajan cantando por fandangos los piconeros, mientras serpentean el monte hasta llegar a los hornos donde la materia que llevan con sus cuidados, esfuerzo y conocimiento, se convertirá en carbón y picón de encina.
Nadie como los piconeros ama tanto y estima el valor de este excelente árbol milenario que enriquece el subsuelo de Extremadura. Estos “castúos” extremeños, prisioneros del monte como las encinas, queman los sueños y días de su existencia en la misma hoguera. Sólo el cante de piconeras extremeñas mitiga en parte la cruda realidad de su negro
destino. Cante propio de los trabajadores extremeños que hacen carbón y picón de encina.
No hay espacio para los sueños, dicen las letras de las piconeras extremeñas. El símil minero-piconero no sólo tiene base en el color negro que tizna los cuerpos y rostros de ambos grupos humanos de trabajadores.
También su negro e incierto destino les acerca, porque mientras unos ahogan sus pulmones con el incesante humo de las hogueras, a los otros les quiebra el pecho el grisú.


13. Taranta asturiana:

En el siglo XX, la explotación minera asturiana atrajo a muchos trabajadores de las regiones del sur. Su largo y en muchos casos definitivo asentamiento, favoreció de manera especial su integración, propiciando el que de estos emigrantes surgieran en posteriores generaciones, nuevos valores del cante con acento asturiano.
La “taranta asturiana de Felipe Lara” quiere ser un sentido recuerdo de esa cuenca minera del río Nalón, en la que tantas vicisitudes pasaron los mineros y sus familias que allí trabajaron y vivieron.


14. Taranta berciana:

Con capital en Ponferrada la región leonesa del Bierzo, tal vez sea una de las más ricas de España. Conviven en esas fértiles tierras:
excelentes viñedos, exquisitos frutales y las más variadas y ricas hortalizas, bañadas por las más finas aguas de los afluentes y del río Sil.
A las riquezas enumeradas hay que añadir la mayor, cual es su rica minería de carbón, considerada como la más rica y de más alta calidad de España y una de las primeras de Europa.
No extrañe pues al viajero curioso, si al darse una vuelta por el Bierzo, se encuentra con extremeños y andaluces, en cualquiera de las poblaciones: Villablino, Bembibre, Ponferrada, etc., ya que el destino de muchos trabajadores del sur estuvo en las regiones del norte, por falta de oportunidades en su tierra.
Felipe Lara que con frecuencia realizó actuaciones artísticas en la región del Bierzo, pudo comprobar como los cantes flamencos eran bien recibidos, tanto por los trabajadores emigrantes como por los propios bercianos. En más de una ocasión escuchó cantes mineros y otros estilos en voz de aficionados, con buen conocimiento de causa. Por todas esas
vivencias y recuerdos Felipe Lara le quiere dedicar al Bierzo esta “taranta berciana”:




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