Vistas de página en total

viernes, 30 de septiembre de 2011


GRUPO II: cantes flamencos derivados del fandango. -9ª parte


Tarantas
1.Taranta de Almería 
2.Levantica  
3.Murciana  
4.Cartagenera 
5.Cartagenera grande o Totanera  
6.Cartagenera de la Trini  
7.Taranta de La Unión 
8.Minera de La Unión  
9.Minera grande  
10.Taranta de Jaén  
11.Taranta de Felipe Lara 
12.Piconera extremeña 
13.Taranta asturiana  
14.Taranta berciana 

Tarantas:

“¡Qué oscura y tenebrosa es la eterna noche de la galería! Tan cerrada que el alma del minero, ansiosa de libertad, lanza gritos heridos y desesperados en las tiznadas oquedades de sus paredes.
En unos tercios quietud, y forzado desahogo en otros, pero en todos ellos nostalgia, sentimiento y dolor. Dolor como el que siente la piedra de carbón con el golpear del pico, como el de la madera húmeda atizada a martillo para forjar las vigas, como el quejido lento y poroso del chirriar atormentado de las vagonetas.

Se escuchan los golpes de picos sobre la piedra de carbón, el batir de las palas en manos de los mineros cargando vagonetas, los martillazos sobre las vigas de madera que colocan para sujetar los techos de las galerías allá abajo en la profundidad de la mina, el arrastre cansino de las vagonetas, el chirrido de las cadenas del montacargas que baja y sube a los mineros…”

¡Siniestra y mágica es la entrada al Pozo de la mina!, como lastimera es la la voz del minero que canta por tarantas para desahogar la pena profunda de su angustiada situación. Sus compañeros le dan ánimos al tiempo que se confortan con el deseo de ver pronto la luz del día en la superficie de la tierra.
El origen etimológico de la Taranta es dudoso. Por un lado, se cree que viene de “tarantela”, un tipo de música, o de “taranto”, adjetivo empleado para designar a los almerienses que trabajan en las dehesas.

Por otro, puede provenir de Tarentum (Tarento- Italia).
La taranta es un cante que no se baila. Nació para ser escuchada con el exclusivo acompañamiento de la guitarra flamenca.
Pertenece al grupo de los estilos de Levante. Los giros melódicos se caracterizan por ser duros, muy cromáticos y de ritmo libre. El ámbito es de 9ª (Fa#2-Sol3).

La estructura básica de los cantes mineros es como la del fandango: seis frases musicales que corresponden con los seis versos que se cantan. Cada una de estas frases consta de cuatro compases de 3/4. Se van intercalando dos líneas melódicas distintas, A (en naranja) y B (en verde), aunque se presentan siempre con pequeñas variaciones en los momentos cadenciales.
El ritmo es ternario y comprende un espacio o ciclo de 12 tiempos. Se empieza a contar a partir de la segunda parte del primer compás.
La combinación armónica de la taranta es la Cadencia andaluza transportada a Fa# en las partes instrumentales para marcar el compás.


Tonalidad mayor o menor en las secciones de las coplas cantadas o de falsetas.
Aunque la bimodalidad es una particular de muchos estilos flamencos, en el caso de los cantes de Levante o mineros es más acusada, debido en parte a la particular afinación de las cuerdas al aire de la guitarra (“acorde impresionista”).

Sus letras son descriptivas y se inspiran en aspectos diversos de la existencia humana, pero con clara tendencia a contar las adversidades que los mineros padecen en la mina, siguen la métrica literaria de los fandangos: quintetas y cuartetas octosilábicas.

He aquí otro grupo de cantes de ritmo libre, salvo la “piconera”, que sigue el aire acompasado del “taranto”. Toman la métrica del fandango y sus expresiones poéticas transitan espacios espirituales bien distintos, porque sus escenarios naturales poco tienen en común, pues no es lo mismo cantar al aire libre en un ambiente festivo, delatar un sentimiento
amoroso, exaltar la bella naturaleza que nos rodea, etc., que definir las tristes y oscuras oquedades de la mina, con todo el drama de su continua tragedia. Éstas son las modalidades que tratamos.

El Cojo de Málaga1. Taranta de Almería:

“Con su gorrilla y pañuelo al cuello, una larga hilera de mineros va por el camino hacia la puerta de la mina. Llevan su atillo al hombro con más hambre que comida, dejando atrás en sus humildes hogares más penas que alegrías. Tan sólo la esperanza sostiene a sus familias y les da fuerzas a ellos para emprender la arriesgada aventura que cada día supone el penetrar en las entrañas de la tierra.

Metidos en cangilones, el chirriar de las cadenas y los ejes de las ruedecillas, les acompañan en el descenso a los pozos tantas veces traicioneros”.

La “taranta”, como los demás aires levantinos, señala a Almería como punto de partida o centro originario. Desde allí, en la voz del pueblo y con la aportación artística de los buenos maestros de nuestro cante, “El Cojo de Málaga”, la “Niña de los Peines”, Manuel Vallejo, Manolo Escacena, Antonio Chacón, Manuel Centeno y otros, partieron a otras provincias o regiones, donde tomaron carta de naturaleza.

Taranta de Almería: cante propio de la ciudad y provincia a las que representa. “Taranto” es el gentilicio dado a los trabajadores que cuidan del ganado en las dehesas almerienses.

Aunque la temática más común de los cantes levantinos es la orientada al relato de los trabajos y penalidades del minero, también el amor está presente y se ve reflejado en la siguiente letra de la taranta de Almería.




2. Levantica

“La brisa de primera hora de la mañana reparte el almibarado olor de los naranjos. Desde la masía, a lo lejos, se vislumbra la tierra alicantina de Orihuela. Más cerca, hombres y mujeres faenan cogiendo naranjas en cestos que luego depositan en los carros.
Mientras, ante la puerta de la casa, un grupo prepara en una enorme sartén la paella que en el descanso todos comerán. De tanto en tanto se pasan la bota de la que a chorros cae el vino que humedece sus gargantas y les anima a entonar la levantica”.


Desde tierras valencianas hasta Almería se canta la “levantica” en los caminos para acompañarse las penas. Es éste un cante de aire y de sol. Las huertas de Murcia le dieron el aroma a su melodía y el marinero mercante la llevó a otras tierras.

Cante propio de las provincias levantinas de Almería, Murcia y Alicante, a las que representa. Procede del fandango, perteneciente a la familia de los cantes mineros.

Se trata de un cante con la estructura del fandango libre, muy cercano y directamente hermanado con la murciana y la taranta.
He aquí una letra que nos muestra la ausencia de alegría con la que el minero canta en la oscura galería.



3. Murciana

“Está la noche en calma y sale la luna bañando con su luz los naranjos en flor de las tierras del Levante. Una suave brisa esparce el embriagador aroma de los azahares y suena el cante de la murciana en la voz de un joven campesino. Con ganas de rondar, se acerca a la casa de su amada para expresarle sus sentimientos:
“Espérame en la ventana, que vengo a verte, Dolores, espérame en la ventana. Te traigo un ramo de flores, que he cortao esta mañana, murciana de mis amores”.
Emocionada la joven y sin poder ocultar su sonrojo, escapa un beso de sus labios como premio al cante y aceptación de su pretendiente”.




La murciana, con sabor minero pero creada al aire libre, expresa en sus letras motivos más alegres, como el amor, el paisaje de la tierra, sus puertos, sus costas y cosas de las huertas de Murcia. Este fandango levantino que nutre la amplia gama de cantes mineros de su región, refleja una sensibilidad, matices y colorido diferentes al de aquellos que
representan y expresan la dura y trágica realidad de la actividad minera.

Su paisaje es abierto a la luz del sol entre muy variados y ricos frutos de la huerta, que le imprimen un sentir a la vida más alegre. La expresión del minero no es la misma cuando está en la profundidad de la mina que cuando sale a flor de tierra y ve la luz del día, después de permanecer sepultado durante interminables horas de trabajo.

Por eso, aunque la murciana tiene sabor a mina, su función flamenca es la de alegrar al minero en esa reincorporación a la vida. Desde Chacón a Manuel Torre, pasando por Concha “la Peñaranda” y el “Alpargatero”, fue éste un cante que gozó de buenos cultivadores y admiración popular entre finales del siglo XIX y bien avanzado el XX.

Cante propio de la ciudad y provincia a las que representa. Fandango levantino de la familia de los cantes mineros.

Los cantes de ronda son muy frecuentes en todo el espectro del folclore de España, y, por tanto, también en el flamenco. Sus letras por lo general son muy románticas y bien recibidas por su destinataria cuando el rondador es de su agrado, pero que también a veces encuentran respuesta negativa.


4. Cartagenera

“Son los últimos años del siglo XIX. La actividad laboral de Cartagena se hace notar en sus calles y, sobre todo, en su puerto de mar, donde el trasiego mercantil y militar no cesa.
Paralelamente, la actividad minera está en auge en su comarca, y la ciudad cosmopolita acoge en su seno a las personas más dispares que, por una u otra causa, a ella acuden como transeúntes o en calidad de moradores temporales o permanentes.
La actividad cultural crece también y se instalan los primeros cafés cantantes, donde ofrecen sus actuaciones los más destacados artistas flamencos de la época. En sus escenarios, la cartagenera se convierte en la reina de los cantes de levante. Sus intérpretes dedican sus coplas por igual a hechos históricos ciudadanos, al ambiente minero y a temas de amor”.

“El Rojo, el Alpargatero”,Quizá sea éste el fandango más vital de cuantos existen. Lleva en su nombre el marchamo de la ciudad que lo vio nacer, aunque no es privativo de la misma, sino de toda la zona llamada La Unión.

Su inspiración discurre por los mismos cauces que la de otros cantes levantinos, como la minera, la murciana y, sobre todo, la taranta. Su apogeo se produjo en los últimos años del siglo XIX, coincidiendo con el punto álgido de la explotación minera en aquellas tierras.

Entre los nombres que han pasado a la historia del flamenco unidos a la cartagenera destacaron “El Rojo, el Alpargatero”, Concha “la Peñaranda” y Joaquín Vargas “El Cojo de Málaga”.

Cante propio de la ciudad y comarca a las que representa. Fandango levantino de la talla de la minera y la taranta.
Aunque pudiera parecer, por el hecho de llamarse cartagenera, que ésta modalidad de cante fuera representativa de la vida social ciudadana, lo cierto es que su temática va por otros derroteros, como son los de la mina y el penar, o más bien, de lo que penan los mineros en la mina.


5. Cartagenera grande o Totanera:

“Un activo trasiego de personas y mercancías anima el camino entre Lorca y Totana. En sus bien preparadas tartanas viajan los hacendados del lugar o simplemente pasean con su acostumbrado aire de suficiencia. A pie, los pobres arrieros, para hacer más llevadero el camino, van cantando por totanera, animando así a sus borriquillos, que con las aguaderas cargadas transportan los más variados y ricos frutos de la huerta murciana. Hacen parada a la sombra de unos árboles para un necesario descanso, y los adinerados tartaneros, más por burla que por necesidad, les hurtan las manzanas”.

Don Antonio ChaconEs cante murciano y, como la cartagenera, su nombre va unido indisolublemente al del pueblo que lo vio nacer, Totana, uno de los de más pura estirpe flamenca de la región. En realidad se trata de una mera variante de la cartaganera y, como ésta, es cante extravertido y popular, que expresa una serie de retazos de la vida cotidiana en la provincia, de los afanes y las anécdotas de los campesinos.

Constituye, por tanto, una especie de crónica, y sus protagonistas más frecuentes son los arrieros y los tartaneros. La totanera más popular dice aquello de “un lunes por la mañana, los pícaros tartaneros, les robaron las manzanas, a los pobrecitos arrieros, que venían de Totana”.

Este hecho delictivo que los afectados difunden en ambas poblaciones, cantado en métrica de fandango y con aire musical de taranta-cartagenera, trasciende a toda la provincia y se populariza con el nombre de totanera. Los intérpretes de la totanera no son otros que los artistas especializados en los cantes de Levante.

Cante propio de la población y comarca a las que representa. Se le podría llamar media granaína, por el grupo de cantes al que pertenece, pues sus tercios, largos y sostenidos, recuerdan a ésta.

Originalmente la letra de la totanera tuvo un definido ambiente que señalar: la vida y avatares de los arrieros. Pero con el tiempo, como tal fandango levantino, fue recogiendo otras motivaciones y con ello ampliando su temática.


6. Cartagenera de la Trini:

Así dice el cantar de La Trini: sobre el escenario de un café cantante en plena actuación con su guitarrista, vestida con chalecillo de la época y una rosa prendida de su moño alto, por encima de la frente:
Ecos de su malagueña
hacia el cielo lleva el viento
y en la gloria les esperan
los tercios que con talento
puso en su cartagenera.

 

7. Taranta de La Unión:

“Salen por la bocamina los “ayes” de dolor de mineros atrapados en la oscura galería. Angustiados e impotentes, sus compañeros tratan como pueden de desescombrar cuanto mineral y tierra cayó sobre sus cuerpos. Pero todo esfuerzo es inútil porque la falla es grande, y vigas y pontones de madera se derrumban sin remedio.
Un largo y profundo alarido da paso a una desgarrada voz que canta desconsolada en un desesperado intento de hacer llegar su petición de ayuda a quienes se encuentran en el exterior: 
Venid por mis compañeros, no tardéis mucho, por Dios, venid por mis compañeros. Una falla traicionera se llevará lo mejor de toa la cuenca minera”.


“De las minas de La Unión…,
oí decir a un minero,
de las minas de La Unión,
que triste entre el carbón,
la vida del barrenero,
sin esperanza ni amor”.

Esa realidad palpable que expresa la copla de la “taranta de La Unión” fue siempre tristemente constatable para cuantos vivieron la arriesgada aventura de arrancarle cada día el mineral a las entrañas de la tierra.

Todo lo que se diga es poco de las penalidades de los mineros, sobre todo de aquellos que no tienen cerca ni familiares que puedan ayudarles en los momentos difíciles de su angustia y dolor. Para hallar el origen de la taranta hay que buscarlo en Andalucía y Levante. Aunque con bastante anterioridad se cantaban tarantas, éstas no se popularizaron hasta finales del siglo XIX, y sus principales intérpretes fueron “El Cojo de Málaga”, “Niño Escacena”, Manuel Centeno, Chacón y Cayetano Muriel.
Cante propio de la población y comarca a las que representa. La siguiente letra refleja la negación de todo lo positivo y bello de la vida, con ella el minero expresa su más profunda desesperanza.


8. Minera de La Unión:

“Un minero alza su voz para señalar las injusticias que sufren los trabajadores de la mina. Rodeado por numerosos compañeros a los que se dirige, está subido encima de una mole de piedra delante de la mina. Clama solidaridad para con las familias de unos barreneros que han sido víctimas de una traidora explosión por la nula seguridad con que estaban trabajando. Emocionado, termina cantando esta minera de La Unión:

Manuel Jiménez CentenoCuando yo vuelva a la mina
a pasar grandes dolores
cuando yo vuelva a la mina;
sólo daré mis sudores,
por una bolsa que diga:
¡De todos los españoles!”

Musicalmente la minera tiene como característica destacable sus medios tonos, que la hacen sonar distinta al resto de los cantes mineros levantinos. Su métrica es la del fandango común, del que se nutre todo el grupo de cantes mineros. Algunos de los versos se cortan en su primera frase para enfatizar el siguiente tercio, logrando una mayor atención de
quienes lo escuchan respecto de lo que se dice en el verso completo.

La minera, en un principio, se cantaba con una línea musical totalmente lisa y monótona. Fue a finales de siglo XIX cuando Antonio Grau, conocido por el apodo de “El Rojo el Alpargatero”, consiguió engrandecerla añadiéndole los medios tonos. Desde Paco “el Herrero”, Manuel Escacena, Concha “la Peñaranda”, Antonio Chacón, Cayetano Muriel y otros de la época, es éste un cante que miman los buenos aficionados. Cante propio de la población y comarca a las que representa.
Esa araña venenosa llamada “tarántula”, que causó la muerte con su mordedura a tantos mineros, ha estado presente en muchas letras de mineras, no precisamente como homenaje a tan dañino insecto, sino como desprecio a su existencia.

 

9. Minera grande:

“Como una premonición antes de la tragedia, canta un minero esta copla:
Baja un minero cantando,
por oscura galería,
aunque cantaba pensando,
si veré a la prenda mía,
que por mí quedó rezando.
De pronto hasta el pueblo llega un enorme estruendo. Asustadas las esposas de los trabajadores salen de sus casas pidiendo auxilio mientras encaminan sus pasos hacia la mina.
Ha explotado el cerro de la mina y entre el espeso humo que sale por su cráter salen arrastrando sus cuerpos heridos los pocos mineros que logran salvar sus vidas”.

Un tema triste, pero de gran importancia para la historia de nuestro cante, es la “minera grande”. El minero pone todo su afán en su duro trabajo en las entrañas de la mina y canta con ritmo arrastrado y triste ese cante que conocemos por minera grande, ventana por la que entrevemos el interior en el que yacen los deseos e inquietudes de esos hombres noblemente rudos. La minera grande es la salida al aire de todo el coraje y la hombría que se precisa para trabajar en lo profundo de la tierra. Como su propio nombre indica, parece que estuviera hecha para denunciar la mayor tragedia en la mina.
Minera grande de La Unión: cante propio de la población y comarca a las que representa. El calificativo de “grande” viene porque alarga o dobla alguno de sus tercios con trabajados ornamentos vocales.
Siempre acompañados de la duda, los mineros cantaron coplas de eterna despedida, sabedores de lo incierto que es el retorno a la luz del día desde las profundas oscuridades de la madre tierra.

10. Taranta de Jaén:

“Un escape de grisú embolsado en las vetas del mineral de plomo y plata de las minas de Linares acaba de ahogar la vida de varios mineros. Las expresiones de dolor de sus familiares, compañeros y amigos producen un tremendo duelo alrededor de la mina.

Suena en voz anónima el cante desconsolado de la taranta, que como el fatídico gas venenoso y con sus tercios clavados hacia dentro, duele en el alma de quien la escucha y rasga el pecho del cantaor que la canta.

Y así, cuantos componen el cortejo, rotos sin esperanza, en cadena humana descienden por el camino sin aliento, compungido el corazón por su fatal destino”.


A la provincia de Jaén además de reconocérsele como propios los cantes camperos de siembra, siega y trilla, los fandangos de la sierra de Cazorla, la toná chica y otros estilos flamencos, como a Murcia y Almería, se la considera una de las tres principales provincias mineras, cantaoras de tarantas.

Sin lugar a dudas es ésta la modalidad de taranta que mayores facultades exige de los cantaores para su interpretación. Su molde tal vez se forjó en la época más dura de la minería andaluza y por ello están tan presentes los lamentos mineros en todos los tercios de su cante.

Aunque de la misma familia, la “taranta de Jaén” es de tercios valientes y profundos, con giros melódicos distintos a los de otras regiones y exige un quejido hacia dentro de dolor profundo antes de iniciar su copla.
“Ah…ay, con el alma siempre en pena,
que triste vive el minerico ¡mare!,
con el alma siempre en pena.
Sudando gotas de sangre, va tirando
su barrena, en las minas de Linares”.
Cante propio de las comarcas mineras de la provincia andaluza a las que representa. También la metáfora tiene su espacio poético en el cante flamenco. Un claro ejemplo es la letra de la taranta de Jaén, donde el minero, desesperado y necesitado de expresar su dolor cantando a su madre, asocia la negrura de su estado de ánimo al color del carbón, que
precisamente en la mina de plomo donde trabaja es prácticamente inexistente.

11. Taranta de Felipe Lara:

La familia de la “taranta” es muy rica tanto en su poética como en su variedad melódica. Ya en los cantes que con el nombre de taranta conocemos y que son representativos de una población o determinada provincia: Almería, Jaén, La Unión (Murcia), etc., muestra bien diferenciadas fisonomías entre si. Pero si abundamos en la gama de estilos que con la misma métrica literaria del “fandango” su tronco común, son acompañados con el mismo toque o tonalidad, descubriremos que estamos ante uno de los más valiosos e interesantes palos del flamenco.
La taranta de Felipe Lara viene a ser como ese pequeño grano, que si bien deja mucho espacio libre en el granero para que otros lo sigan llenando, aporta a esta gran familia flamenca la impronta personal de un cultivador apasionado defensor del cante. 

12. Piconera extremeña:

“¡Están los hornos piconeros extremeños, que echan humo por la boca! Arde en su interior la noble encina, que resignada se deja quemar porque sabe que antes de convertirse en ceniza aún le queda el último suspiro para ser útil como carbón. No cesa el ir y venir de los castúos trabajadores trasportando sus cargas de leña para mantener activos los hornos. De pronto se oye un cante por piconera en la voz de uno que se arranca y canta, halla réplica en otro que empieza a templar la garganta, porque el corazón lo pide como una evasión del alma”.


En el encinar, con afiladas hachas y la fuerza de sus brazos, cortan viejas encinas los piconeros de Extremadura. Allí donde cae el acero se abren los troncos en canal y el ramaje se desprende como la manteca, con el constante e inagotable batir en una larga y dura jornada de trabajo.
Cuando los montones de leña acumulada dan lo suficiente para completar las cargas que han de transportar sus borricos, convertidos en arrieros bajan cantando por fandangos los piconeros, mientras serpentean el monte hasta llegar a los hornos donde la materia que llevan con sus cuidados, esfuerzo y conocimiento, se convertirá en carbón y picón de encina.
Nadie como los piconeros ama tanto y estima el valor de este excelente árbol milenario que enriquece el subsuelo de Extremadura. Estos “castúos” extremeños, prisioneros del monte como las encinas, queman los sueños y días de su existencia en la misma hoguera. Sólo el cante de piconeras extremeñas mitiga en parte la cruda realidad de su negro
destino. Cante propio de los trabajadores extremeños que hacen carbón y picón de encina.
No hay espacio para los sueños, dicen las letras de las piconeras extremeñas. El símil minero-piconero no sólo tiene base en el color negro que tizna los cuerpos y rostros de ambos grupos humanos de trabajadores.
También su negro e incierto destino les acerca, porque mientras unos ahogan sus pulmones con el incesante humo de las hogueras, a los otros les quiebra el pecho el grisú.


13. Taranta asturiana:

En el siglo XX, la explotación minera asturiana atrajo a muchos trabajadores de las regiones del sur. Su largo y en muchos casos definitivo asentamiento, favoreció de manera especial su integración, propiciando el que de estos emigrantes surgieran en posteriores generaciones, nuevos valores del cante con acento asturiano.
La “taranta asturiana de Felipe Lara” quiere ser un sentido recuerdo de esa cuenca minera del río Nalón, en la que tantas vicisitudes pasaron los mineros y sus familias que allí trabajaron y vivieron.


14. Taranta berciana:

Con capital en Ponferrada la región leonesa del Bierzo, tal vez sea una de las más ricas de España. Conviven en esas fértiles tierras:
excelentes viñedos, exquisitos frutales y las más variadas y ricas hortalizas, bañadas por las más finas aguas de los afluentes y del río Sil.
A las riquezas enumeradas hay que añadir la mayor, cual es su rica minería de carbón, considerada como la más rica y de más alta calidad de España y una de las primeras de Europa.
No extrañe pues al viajero curioso, si al darse una vuelta por el Bierzo, se encuentra con extremeños y andaluces, en cualquiera de las poblaciones: Villablino, Bembibre, Ponferrada, etc., ya que el destino de muchos trabajadores del sur estuvo en las regiones del norte, por falta de oportunidades en su tierra.
Felipe Lara que con frecuencia realizó actuaciones artísticas en la región del Bierzo, pudo comprobar como los cantes flamencos eran bien recibidos, tanto por los trabajadores emigrantes como por los propios bercianos. En más de una ocasión escuchó cantes mineros y otros estilos en voz de aficionados, con buen conocimiento de causa. Por todas esas
vivencias y recuerdos Felipe Lara le quiere dedicar al Bierzo esta “taranta berciana”:




Cantes flamencos derivados del fandango. "Granaínas"

GRUPO II: cantes flamencos derivados del fandango. -8ª parte








Granaínas: 
2. Media granaína 
1. Granaína grande


Granaínas

“Se desliza fresca y cristalina el agua pura y límpida de la sierra nevada, por los jardines de la Alhambra. Con mimo bate las hojas de las plantas y el tallo de las flores que inundan de aroma el calor de la mañana. Las tijeras del jardinero modelan la silueta de los arbustos que han de hacer sombra a los sueños románticos de los enamorados. Las ramas se mecen con el viento y los surtidores de agua de las fuentes arrullan a los pajarillos que pían y revolotean de árbol en árbol. El origen etimológico de la granaína se encuentra en el nombre de la ciudad de Granada”. 

En los jardines de la Alhambra un jardinero cuida con esmero la enorme diversidad de plantas y flores. Parece embrujado por la belleza del lugar. El sitio es especialmente pensado para el amor y de pronto, se arranca a cantar por granaínas.

Perteneciente al grupo de los cantes de Levante, es un palo menos rural y campero que los fandangos populares granadinos de los que toma origen.
La guitarra flamenca acompaña al cante en cada tercio con un ritmo libre.


Las melodías de las granaínas están llenas de melismas. Existen tres tipos de cantes por granaína:
a) Granaína de preparación, menos floreada y de tonos más suaves.
b) Granaína grande, de naturaleza similar a las malagueñas.
c) Media granaína, la más afiligranada y brillante.


El ritmo es ternario, comprendiendo un espacio o ciclo de 12 tiempos. Se empieza a contar a partir de la segunda parte del primer compás.


Su combinación armónica es la Cadencia andaluza en las partes instrumentales para marcar el compás, con tonalidad mayor o menor en las secciones de las coplas cantadas o de falsetas. En este caso, la cadencia está transportada a Si, descansando las distintas frases sobre los siguientes acordes:
La estructura básica de las granaínas es como la del fandango: seis frases musicales que corresponden con los seis versos que se cantan. Cada una de estas frases consta de cuatro compases de 3/4. Se van intercalando dos líneas melódicas distintas: A (en naranja) y B (en verde), aunque se presentan siempre con pequeñas variaciones en los momentos cadenciales.
Las granaínas siguen la métrica literaria de los fandangos: quintetas y cuartetas octosilábicas.

1. Granaína grande

La quintilla, composición métrica común a toda la amplia gama de fandangos, es muy apropiada para expresar poéticamente anhelos y deseos con las “granaínas”, cuyas melodías interpretadas con ritmo libre gozan de un bello atractivo por sus ornamentos vocales y floreos.

Si bien es cierto que el verdial convertido en fandango de Granada y la malagueña son sus progenitores espirituales, sus verdaderos artífices y difusores fueron los geniales maestros del cante a lo largo del siglo XX.
Granaína Grande, Granaína de preparación y Media granaína son las tres modalidades que aquí tratamos por encontrarlas con más definida identidad, eso no significa que no existan otras versiones de carácter local
o personal.



2. Media granaína

“Surcan el cielo de Granada notas que escapan de las cuevas de la Zambra. Los chorros de agua en los estanques de la Alhambra suenan y, como en un laberinto de cristales, su ondear desfigura la imagen de quien mira, produciendo risotadas infantiles.
A orillas del Darro, junto a un avellano, una fuente da de beber a alondras y ruiseñores, que cantan e inspiran a Antonio Chacón para engrandecer la “media granaína”.

Del fandango, tronco original de muchas especies flamencas y en estrecha relación con los cantes de Málaga, nace la “media granaína” con sabor nuevo, porque la Alhambra, el Generalife, el Darro, el Genil y las cuevas de la Zambra fueron los principales motivos de inspiración de sus creadores.

Es un cante que goza de gran expresividad, y sus tercios filigranistas cargados de melismas arábigo-andaluces exigen de la voz un rico caudal sonoro para ser dignamente interpretado. Sus ornamentos vocales representan coros de alondras y ruiseñores, pajarillos que anidan en las riberas de los ríos y jardines de Granada, siendo los verdaderos dueños y celosos vigilantes de cuanto sucedió en tan bellos lugares desde hace siglos.

Frasquito “Yerbagüena”, Paquillo “el del Gas” y “El Calabacino”, como hijos de Granada, fueron sus más destacados intérpretes. Pero realmente quien popularizó la “media granaína” en el primer tercio del siglo XX fue Antonio Chacón, que la dotó de extraordinaria grandeza.
Media granaína: cante propio de la ciudad a la que representa. El calificativo de “media” no tiene nada que ver con empobrecer o partir a la “granaína”, sino más bien con el hecho de que su recreador y divulgador, Antonio Chacón, decidió llamarla así para diferenciarla de sus cantes hermanos.

Una faceta menos común pero que también se da en la variada temática del cante flamenco es la resignación ante el desengaño amoroso, por la esperanza puesta en la recuperación del amor perdido, en la creencia de que quien abandonó reflexione y vuelva a reparar su daño.



Alhambra de Granada

Cantes flamencos derivados del fandango


GRUPO II: cantes flamencos derivados del fandango. - 6ª parte




Verdiales 
1.Verdial Cartameño 
2.Zángano de Álora 
3.Verdial de Málaga 
4.Rondeña 
5.Jabera 
6.Cante de jabegotes 
7.Fandango de Granada 
8.Zángano de Puente Genil 
9.Verdial de Córdoba 
10.Fandango de Lucena 
11.Fandango abandolao de Juan Breva 
Verdiales
Del tronco común del fandango, la amplia gama de verdiales que desde la provincia de Málaga irradia su influencia y expansión a las de Granada y Córdoba tienen una musicalidad y carácter expresivo que les otorga a cada uno por separado su bien definida personalidad. Además de la Jabera, de entre su inagotable abanico de estilos tratamos aquí los que mejor definen las fuentes de su nacimiento popular.

1. Verdial Cartameño

“El tórrido aire del verano acompaña el tiempo de siega del trigo en Cártama (Málaga) Hoy es fiesta, segadores y ateros se toman un merecido descanso. Al aire libre, tras degustar la comida y sentados sobre los haces de mies, unos tocan instrumentos de cuerda (violín, guitarra, bandurria, mandolina…) mientras otros empuñan almireces, chinchillos, triángulos, crótalos, panderos o rascan las botellas granuladas. Música y percusión que marcan el agilizado ritmo de varias parejas bailando, animadas por las voces cantaoras que, en sus fandangos verdiales, expresan el sentir de las gentes sencillas del pueblo”.

Surgidos en la zona olivarera del mismo nombre, los “verdiales cartameños” constituyen la fórmula más antigua y Surgidos en la zona olivarera del mismo nombre, los “verdiales cartameños” constituyen la fórmula más antigua y tradicional del fandango malagueño. Los motivos o temas en los que se inspira este cante son muy diversos: el amor, puntos geográficos de tipo local y cosas del campo.

Su acompañamiento apenas guarda relación con el de los demás cantes flamencos, ya que está integrado por un violín o violines que llevan el peso de la melodía, así como por panderos, panderetas, almireces, guitarras y palillos. Es una modalidad del flamenco esencialmente alegre, pues surgió espontáneamente en las celebraciones y festejos de las
serranías malagueñas. 

Por lo que respecta a sus intérpretes, apenas puede hablarse de individualidades destacadas (si exceptuamos el ya legendario Junquito de Comares, puesto que, por las razones apuntadas, los verdiales son ejecutados habitualmente por las propias “pandas” o conjuntos instrumentales.

Verdial procede de la palabra castellana verdal y la latina viridis-e, que significa “verde”. Es un fandango típico de pueblo campesino y agrícola. Por su raíz folclórica, con frecuencia se le incorporan los instrumentos típicos de la rondalla, tanto de cuerda percutida como frotada o de percusión casera.

Quintilla octosilábica. Festero y bailable, el verdial cartameño inspira la creación de letras animadoras, que aluden a su propio ambiente y en especial a los anhelados momentos de descanso de los segadores.



2. Zángano de Álora

Álora arde en actividad festiva. Por sus engalanadas calles los vecinos van llegando a la plaza donde se celebra el festival de zánganos aloreños. Los grupos en competición realizan sus actuaciones con gran variedad de colorido en su indumentaria, causando admiración en los espectadores y cierta envidia a los farolillos y guirnaldas que cuelgan de
los balcones. Varias parejas bailan al compás de guitarra, bandurria, mandolina, laúd, pandero, pandereta, almirez, castañuelas y chinchillos, mientras las voces femeninas y masculinas alternan sus coplas, por separado y a coro, logrando enardecer de alegría y felicidad a cuantos disfrutan de tan singular festejo.

Partiendo, como tantas otras especies flamencas, de la métrica y ritmo del primitivo fandango, los “zánganos de Álora” forman parte de la gran familia de los cantes de Málaga, y su gracioso aire bailable atrae e invita a la participación de cuantos lo contemplan. Se bailan con frecuencia, aun en nuestros días, en fiestas y reuniones caseras de Álora y
otras poblaciones de la provincia de Málaga, donde, para dar animación al baile, se cantan indefinidamente letras de amor y otros temas, dentro siempre de una línea cordial, desbordante de alegría.

Zángano de Álora: cante propio del pueblo al que representa.
Por su raíz folclórica, con frecuencia se le incorporan los instrumentos típicos de la rondalla, tanto de cuerda percutida como frotada o de percusión casera.

Quintilla octosilábica. Una especial alegría acompaña a los zánganos aloreños, que se ve reflejada en las letras de sus coplas bailables, con un claro predominio de la temática romántica.


3. Verdial de Málaga

El verdial es la muestra musical mas antigua de Málaga. Rico en variedad y costumbres, con una fisonomía distinta al fandango morisco del que se cree pudiera proceder, pero mostrando mayor fuerza en su expresión.

Cante con copla de cinco versos octosílabos, que al cantarse se repite el primero de ellos en el tercer tercio. La expresividad de sus sencillas letras junto con sus alegres melodías y el ágil dinamismo de su compás en tres por ocho hacen de él un cante muy atractivo.

Eminentemente bailable y muy musical, goza de variado número de músicos en su tradicional acompañamiento como pieza folkórico-flamenca de Málaga. Junto a la guitarra, violines, laudes, vihuelas, bandurrias, panderetas, castañuelas y todos los instrumentos de percusión caseros como almireces, canutos de caña, cacharros y cucharas.


4. Rondeña

RONDEÑAS Y GOYESCAS“Ha caído la noche. Las antiguas farolas de mecha y aceite ofrecen débil luz a las principales calles de la ciudad de Ronda. Algo animan el alumbrado los ventanales de las pocas casas donde aún quedan vecinos despiertos.
Una cuadrilla de mozos, con instrumentos de rondalla, acompaña la voz cantaora de un enamorado que, a ritmo de fandango verdial, le dedica a la moza de sus sueños sentidas coplas de amor. La joven tiene prohibido por sus padres el salir al balcón, así que, agotado el repertorio, su pretendiente marcha con gesto de disgusto, aunque resignado por los ánimos que le dan sus amigos, que no paran de felicitarle por sus buenos cantes. El sereno pasa dando la hora, y el cierre de ventanas contribuye a que la penumbra se apodere de la noche”.

Emboscada a unos bandoleros en la cueva del Gato. 1869.Un rondó es una composición musical cuyo tema se repite como un estribillo. Pudo ser el origen de la rondeña, uno de los fandangos más viejos de la provincia de Málaga, con la que se cantan varias coplas, dentro siempre de la misma melodía y el mismo aire musical. Por otra parte, tal y como indica su nombre, la rondeña representa la ciudad de Ronda, uno de
los centros cantaores de máxima importancia de la extensa geografía del arte flamenco, y como tal se ha paseado con éxito por toda Andalucía. Sus letras expresan diversos motivos, pero especialmente se inclinan hacia el amor, con creaciones poéticas de extraordinaria belleza. Gozó la rondeña de numerosos intérpretes a lo largo del siglo XIX, pero ninguno se significó como maestro.

Rondeña: procede de “rondó”, composición musical cuyo tema se repite como un estribillo. A su vez, este término procede del nombre de la ciudad de Ronda, o de ir a rondar cantado a una moza.

Más bailable que un aire de serenata, admite un mayor número de instrumentos de cuerda.
Quintilla octosilábica. Las noches estrelladas de Ronda son rondadoras por naturaleza, inspirando en los enamorados poéticas letras de amor que ofrecen a sus amadas cantando bajo su balcón o junto a la reja de su ventana.


5. Jabera

Monumento al fiestero 01 - 24 julio 2004 a la memoria de Miguel Gallego RomeroEl escenario natural de la “jabera” nos lo ofrece la graciosa estampa de una joven vendedora de habas que con su cesto colgado del brazo va por la malagueña calle de Larios pregonando:

¡A perra chica docena,
 de la huerta de Comares.
¡Ay, que jabitas más buenas!
¡Vecinas vecinos! ¡ay que
jabitas más buenas!

Crean el paisaje sonoro de la “jabera” los carruajes tirados por caballos que hacen sonar las campanillas de sus colleras que se mezclan con las voces de sus conductores y el ladrido de un perro que escapa a toda velocidad haciendo sonar un “calambuco” de lata que le han atado al rabo unos traviesos chiquillos. un ciego que pasa junto a la habera golpea
el suelo con la punta de su bastón y el pregón de la habera vuelve a sonar:
¡Ay, que jabitas más buenas! Es fácil hallar el origen etimológico de la palabra “jabera” en la existencia misma de la joven malagueña vendedora de habas.

En cuanto al acompañamiento instrumental de la “jabera” como ha ocurrído con numerosas modalidades de fandangos verdiales de carácter folklórico, hasta hacerse la guitarra su compañera inseparable, fueron diversos los instrumentos: violines, bandurrias, laúdes, guitarras, palillos, panderos, panderetas, crótalos, almireces, triángulos, etc.
La principal característica melódica en la composición musical de la “jabera” es su cante en aire rítmico más lento que el de la mayoría de los fandangos de su grupo, permitiendo al cantaor la posibilidad de floreos, arabescos y ornamentaciones vocales. Tiene cierta semejanza melódica con la seguiriya.

El ritmo ternario de la “jabera” comprende un espacio o ciclo de 12 tiempos. Se empieza a contar a partir de la segunda parte del primer compás.

Su combinación armónica es la Cadencia andaluza en las partes instrumentales para marcar el compás. Tonalidad mayor o menor en las secciones de las coplas cantadas o de falsetas.

La estructura básica de los verdiales, tanto a compás como libres, es la siguiente: Seis frases musicales que corresponden con los seis versos que se cantan. Cada una de estas frases consta de cuatro compases de 3/4. Se van intercalando dos líneas melódicas distintas: A (en naranja) y B (en verde), aunque se presentan siempre con pequeñas variaciones en los momentos cadenciales.
La jabera toma de los fandangos verdiales su métrica literaria y, como ellos, sus coplas tienen cuatro o cinco versos octosílabos.


6. Cante de jabegotes

“Cae el sol entre las claras nubes que iluminan el mar de las costas malagueña y granadina. Las jábegas vienen de mar adentro acercándose a la orilla. En la playa, mujeres y niños aguardan su llegada para darles la bienvenida y ayudarles. Se cruzan en el aire ecos de alegres coplas del “cante de jabegotes”.
Van poniendo pie en tierra los marengos, y, tras los abrazos con sus esposas e hijos, tirando de los cabos de las jábegas, las arrastran por la arena hasta lugar seguro, donde quedan atracadas para la jornada siguiente. Cargan en capachos el fruto de la pesca, y comienzan a tender sus redes para comprobar su estado y tejer cualquier roto ocasionado en la faena”.

JabegoteMálaga y Granada, fieles exponentes de sus anécdotas y deseos, forman un bello contraste. De un lado, su blancura serrana, que conserva en sus faldas el arte moruno; de otro, el remanso de las aguas cálidas que recogen sus playas para recibir el perfume meloso de la caña de azúcar y otros frutos tropicales, intrigando con verso y música que, en su sueño, el poeta compone.

Tirando del copoLos cantes de jabegotes, o marengos, representan a los trabajadores de las playas de Granada y Málaga, cuyas faenas principalmente consisten en la recogida de redes, tirando a un tiempo de los cabos de la jábega (embarcación que sirve para pescar). Marengo o jabegote es el nombre que se les da a estos pescadores, y así se llamaría con el tiempo a los cantes que amenizaban sus duros trabajos.

Repartiendo el copoCante de jabegotes: cante propio de marengos que faenan en las playas de pueblos de Málaga y Granada, y de sus embarcaciones, llamadas jábegas.

Las castañuelas, en “crotaleo” imitador de las gaviotas, siguen el ritmo de la guitarra para dar animación al cante.
Quintilla octosilábica.Las letras de sus coplas orientan su temática al faenar pesquero de la zona en que se desarrolla el cante.

7. Fandango de Granada

“Están los campos en plena recolección y los trabajadores cantan a ritmo de verdial sus fandangos granadinos. Mientras, machete en mano, cortan la caña de azúcar junto a plantaciones de aguacate, chirimoya y otros frutos tropicales.
Su cantar, vivo y alegre, encuentra coro en el aliviado discurrir del agua por los regatos que inundan la vega granadina, que tanto inspira a sus gentes para crear bellas letras alusivas a la riqueza natural que desborda todo su entorno”.

Frasquito YerbagüenaSon muy diversos los motivos a los que ofrecer las coplas del “fandango de Granada”, que en ritmo de verdial, pero con melodía de estilo propio, se canta vivo y alegre. Los cantaores granadinos, con su aire moruno y su sentimental forma de cantar, ponen brillantes tercios a sus fandangos, que funden el aroma de su sierra con la gracia de la zambra,
ofreciendo rico sabor flamenco.

Los fandangos de Granada se cantan en muchas localidades de la provincia, pero por su aire valiente los que más se cantaron fueron los de “África la Peza”, cantaora de la segunda mitad del siglo XIX nacida en Peza, localidad del sur de la provincia granadina. Fueron maestros de este cante Francisco Gálvez, más conocido por “Frasquito Yerbagüena”,
“Paquillo el del Gas”, “El Calabacino” y “El Tejeringuero”.

Libro: Fiesta de Verdiales una aproximación a sus orígenes, por José Manuel Molina Gámez (Pepe Molina)Estos destacados maestros del cante nacidos en Granada y su provincia difundieron y engrandecieron este rico fandango, cuya métrica serviría de base para posteriormente y libres de ritmo, crear preciosas y filigranistas granadinas.
Fandango de Granada: cante propio de la ciudad y provincia a la que representa.

Sin ser ajeno al baile, que con ritmo de verdial puede servirle perfectamente; sin embargo, la inmensa mayoría de las expresiones del fandango de Granada encierran motivaciones cargadas de un especial sentimiento individual, que sólo necesita, para ser expresado, el soporte musical de la guitarra.
Quintilla octosilábica. La vega granadina, tan rica en su diversidad frutal, da para mucha inspiración a sus gentes, que expresan su felicidad con clara exaltación de la singular geografía que les rodea y a las riquezas naturales de las que disfrutan.

8. Zángano de Puente Genil

“Los sonidos de la rica actividad del pueblo se mezclan con los bellos zánganos que, con antiguas letras recreadas y otras de sabia nueva, crean los jóvenes cantaores y cantaoras con inspiración propia.
Hasta las canteras de cal, los huertos de membrillo, o el rico olivar llegan, con ritmo de verdial, los ecos del zángano de Puente Genil, que surcan el espacio envueltos en el templado y aromático aire de la vega”.

FosforitoPuente Genil, bella ciudad andaluza de la provincia de Córdoba, que el mundo entero conoce por su dulce carne y jalea de membrillo, por sus olivares y sus ricas huertas de la ribera del Genil. Puede sentirse orgullosa en lo que a cante se refiere, porque tiene, entre otros estilos, su propia modalidad de saetas y sus fandangos de la ribera. Y con ritmo de verdial, pero con su propia personalidad, los “zánganos de Puente Genil” siempre fueron el medio de expresión natural de las gentes de la tierra. Puesta a destacar sus valores, entre los numerosos artistas de su cantera cuenta con Antonio Fernández “Fosforito”, que ostenta el más significado reconocimiento, la llave de oro del cante flamenco.

Zángano de Puente Genil: cante propio del pueblo al que representa.
No en vano se compara muchas veces al zángano de Puente Genil con la rondeña. Y es que, como ella, también es un cante rondador que sigue el ritmo del verdial y necesita muy escaso acompañamiento instrumental.

Quintilla octosilábica. Variada es la temática de este cante: sus canteras calinosas, el olivar, sus ricos huertos de membrillo y los símbolos ciudadanos que tanto respetan sus gentes, pero también el amor es un motivo que les conmueve muy especialmente.


9. Verdial de Córdoba

“Al oscurecer la tarde, dando rienda suelta a su inquietud amorosa, un joven rondador solitario canta bajo el balcón de su enamorada. Tocado con sombrero cordobés, lanza al aire su voz en una calle estrecha con flores que cuelgan de balcones y ventanas.
La joven se asoma y se apoya en la barandilla. En respuesta positiva y actitud de placentera candidez, sin decir palabra, muestra a su pretendiente un claro compartir de sentimientos, que animan a éste para, con mayor énfasis, dedicarle una nueva copla del verdial de Córdoba”.


Cante en Córdoba (Concurso Nacional de cante jondo) Anselmo González Climent - 1957El verdial es un fandango típico de pueblo campesino y agrícola. Los motivos o temas en los que se inspira este cante son muy diversos, el amor, puntos geográficos de tipo local y cosas del campo. La comarca en la que se desarrolla este cante es malagueña, concretamente, los Verdiales,  zona muy olivarera.

El fandango verdial se extiende desde la provincia de Málaga a las de Granada y Córdoba, transformándose en función de la manera de ser y de expresarse de los granadinos y cordobeses.

El verdial de Córdoba en tonos graves es claramente representativo de la sobriedad, y el carácter solemne y sentencioso cordobés. Su aire algo más pausado de ritmo que otros fandangos permite algunos giros melódicos que engrandecen su cante en un bello juego tonal.

CANTE FLAMENCO. ANTOLOGIA.Sus letras cubren un amplio recorrido, con descripciones de lugares urbanos y rurales, sin descuidar los más puros sentimientos de amor. Los maestros de los verdiales han sido numerosos, desde el gran maestro Juan Breva hasta Manuel Centeno, pasando por las voces de “El Cojo de Málaga”, Bernardo “el de los Lobitos” y “Niño Escacena”.
Verdial de Córdoba: cante propio de la ciudad y provincia a las que representa.

Con ritmo lento, tal vez siguiendo los senderos melódicos del fandango abandolao -que en la guitarra y voz de Juan Breva se hiciera malagueña-, el “verdial de Córdoba” tiene su mismo acompañamiento instrumental, la guitarra.
Quintilla octosilábica. No siempre la dedicatoria expresada en las letras de los cantes tiene por objeto las personas, hechos o cosas más cercanas al medio o lugar donde se desarrollan. Afortunadamente la inspiración del ser humano vuela sin fronteras en cuantas direcciones le apetece para llevar en su composición poética, recitada o cantada, bellos
mensajes de amor a sus semejantes de otros lugares.

10. Fandango de Lucena

“Alborea la mañana y, a caballo por el camino, va a galope la amazona que inspira la copla del fandango de Lucena. Cumpliendo su promesa, desde Córdoba, todos los días llega hasta la ermita de la Virgen de Araceli para contarle sus anhelos y sueños de amores imposibles. La bella mujer cordobesa ata el caballo junto al pilón de un pozo donde comienza a beber agua. Se ajusta su traje típico de amazona andaluza y deja caer sobre sus manos el sombrero de ala ancha
para pasar al interior del santuario e inclinarse ante la imagen de la Virgen”.

LucenaLucena es una de las localidades de la Andalucía cantaora por excelencia. El “fandango de Lucena” tiene en su aire musical mucha semejanza con los cantes mineros; sin embargo, pese a su parentesco, su verdadero nacimiento parte del verdial malagueño y su acompañamiento en la guitarra es el mismo. A pesar de esta mezcla del aire levantino y susabor a mina, con la nota vibrante y graciosa del ritmo malagueño, tiene su propia personalidad, porque lleva muy dentro la solera cordobesa.

Cayetano Muriel.Como maestros de este cante podríamos citar a Dolores “la de la huerta” y a Rafael Rivas. Se destacaron como excelentes cultivadores Pastora Pavón, Cayetano Muriel, Escacena y muchos otros.

Fandango de Lucena: cante propio del pueblo al que representa.
Rítmicamente el fandango de Lucena es más acelerado o lento en función de la motivación de sus coplas. Las hay folclóricas bailables, de aire más ligero, y otras, con más lírica flamenca, que son de ritmo más pausado para facilitar el lucimiento artístico del cante. Las primeras suelen estar más arropadas instrumentalmente, las más flamencas tienen
suficiente con la guitarra.
Quintilla octosilábica. La devoción religiosa es tan lejana en el tiempo como la propia existencia del ser humano en la tierra. Con frecuencia vemos reflejadas estas expresiones de sentimiento en las letras de cantes folclóricos y flamencos, como es el caso del fandango de Lucena.


11. Fandango abandolao de Juan Breva

“Es activa la vida en Vélez-Málaga. Transitan sus calles carros y coches tirados por borricos y caballos, y es frecuente el paso de vendedores con productos naturales de la tierra.
Entusiasmadas las vecinas por oírle, esperan el paso de un chavalillo que, con voz prodigiosa, canta un sonoro pregón: “¡Brevas de los montes, de Vélez-Málaga, son las más dulces. Las doy pa probarlas!” 


Antonio Ortega Escalona, más conocido como Juan Breva.En Vélez-Málaga, a mediados del siglo XIX, nace otro genio del cante, Antonio Ortega, a quien la afición conocería con el apodo de Juan Breva.
Tan pronto tuvo en su mano una guitarra la hizo inseparable compañera de su voz para cantar como nadie los fandangos verdiales de su tierra, a los que, pausando el ritmo, les imprimió sello propio con el nombre de “fandango abandolao de Juan Breva”. No hubo en toda Andalucía tablao flamenco, café cantante o fiesta flamenca donde los públicos más diversos no gozaran del placer de escuchar su bien timbrada voz laína, con asombro de ver salir una voz tan cultivada y fina de su corpulenta figura.

Vivió la brillante época de los cafés de cante, siendo su nombre tan popular que era requerido por los principales cafés de Málaga, Cádiz, Jerez, Sevilla y Madrid. Con sus excelentes condiciones de voz creó el fandango abandolao, expresándose con una delicadeza poco común y con una voz niña como de él dijo García Lorca, aunque era un hombre de gran corpulencia y fuerza varonil.

Juan Breva, niño de diez años, recorre así las calles de su pueblo vendiendo las frutas que va pregonando.
Fandango abandolao de Juan Breva: cante propio del cantaor al que representa. El adjetivo “abandolao” tal vez procede con algún fundamento de “bandola”, y este término del latín pandura, que era una guitarra pequeña con la que el maestro se acompañaba en el inicio de sus actuaciones artísticas. Y de ahí surgiría el “fandango al aire de su
bandola”, que terminaría por llamarse “fandango abandolao”.

Quintilla octosilábica. El carácter sentencioso, tan presente en las letras de muchos cantes flamencos, no necesariamente va cargado siempre de talante vengativo, pues muchas veces se expresa como mero avisador
con el noble intento de evitarle a la persona querida un traspiés del que pueda salir mal parado y con difícil vuelta atrás en el amor perdido.